16/9/14

AVISO


Quiero hacer pública una decisión que tomé hace tiempo pero que ahora quiero comunicar a mis tres o cuatro lectores, y que ha venido comunicando estos días a mis amigos. Este 2014 se cumplen 20 años del inicio de mi proyecto de escritura que he realizado bajo la firma "Heriberto Yépez". En estas dos décadas he publicado más de veinte libros y he escrito algunos más que permanecen inéditos, por una u otra razón. He tomado la decisión de dar cierre a dicho proyecto de escritura. Se puede decir que la obra de Heriberto Yépez ha concluido. La firma, provisional y únicamente, seguirá apareciendo en dos sitios: la columna que bajo ese nombre escribo semanalmente para el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio y la co-coordinación de libros de Ulises Carrión, del que soy uno de los encargados. Una vez que esas dos responsabilidades terminen, también termina esa firma. Quiero pasar a otras cosas de mi vida y necesito dejar atrás mi fase como autor. He gozado la obra realizada, pero es momento de darle cierre, porque la vida es corta y no quiero invertir tiempo ya en todo eso. Por razones profesionales no puede dejar de producir algunos escritos, pero tales aparecerán bajo otro nombre y como parte de otra esfera profesional. No me queda más que decir que agradezco mucho a todos aquellos que colaboraron en mi obra y carrera, el joven al que ayudaron a cumplir su sueño les agradece mucho su ayuda, siempre estará en deuda con ustedes. Pero ese joven ya se ha ido. Y me toca respetar su partida, no tomando su nombre como si fuera mío y yo, por mi parte, aprovechar para tomar otras avenidas y, sobre todo, reiterar mi agradecimiento y despedida. Grandes abrazos para todos.

12/9/14

LA NUEVA CIVILIDAD EN LA NUEVA POLÉMICA

* Publicado en suplemento cultural Laberinto de diario Milenio, México, 13 de septiembre de 2014.

LA NUEVA CIVILIDAD EN LA NUEVA POLÉMICA

Las universidades norteamericanas han sido un eficiente laboratorio para probar nuevos métodos de control conductual de poblaciones intelectuales. Lo que ahí se ensaya luego se implementa en otros ámbitos dentro y fuera de Estados Unidos.

Junto a la nueva etapa de militarización de su policía doméstica, una nueva lógica cultural se está perfeccionando en Norteamérica. Se busca fijar qué puede decirse (y cómo decirse) sobre la guerra (contra el terrorismo, el narco, etcétera)

En agosto, el profesor Steven Salaita publicó opiniones sobre cómo el genocidio en Gaza organizado por el Estado de Israel, continúa la lógica de exterminio de la ocupación de América a partir de 1492.

Pronto Salaita fue notificado por la Universidad de Illinois de que su oferta de contrato (en el Departamento de Estudios Indígenas Americanos) había sido retirada.

Se anunció como causa del castigo su falta de “civilidad” al expresar ideas.

Nueva regla: durante esta guerra global, intelectuales, académicos, escritores, periodistas, artistas y activistas deben expresarse con “civilidad”. De no hacerlo, quedarán fuera del mercado laboral.

En septiembre, el mismo término apareció en un comunicado del rector de la Universidad de California, Berkeley, indicando que la “libertad de expresión” debe ejercerse con “civilidad”.

Vayamos al centro de esta noción (que será clave en esta década).

“Civilidad” significa no ofender a los grupos que conducen la guerra.

“Civilidad” significa que tomes tu rol como “civil” y vigiles tu lenguaje y pensamiento para que no agreda al complejo militar-industrial que controla gobiernos y medios que controlan poblaciones.

Veremos todo tipo de ajustes, represalias, estímulos, procesos para asegurar esta cultura de la expresión —la polémica en donde tú serás tu primer policía— desde las redes sociales hasta las clases informantes.

Esta política ya se echó a andar en las universidades norteamericanas, la élite intelectual más privilegiada del mundo. De ahí pasará a países aliados, principalmente donde la opinión pública tiene amplios descontentos.

Pasaremos de las artes visuales a las artes civiles; de las literaturas (post)modernas a la escritura creativa civil; de las redes sociales a las redes civiles (de lleno); de las Humanidades a las Civilidades.

El civil es aquel que se (auto) vigila según los intereses de la policía y la guerra, ya que es empleado, residente y cliente, y no desea perder acceso a redes, hogar y mercado. “Seguridad”.

Internet será de lo más difícil de controlar, pero serán las represalias del mercado laboral las que invitarán al civil virtual a auto–regular su libertad de re–expresión.

En general, los ciudadanos desaparecerán para dar pleno paso a los civiles.

5/9/14

EL “ENSAYO CREATIVO” OFICIALIZADO

* Publicado en suplemento cultural Laberinto de diario Milenio, México, 6 de septiembre de 2014.

EL “ENSAYO CREATIVO” OFICIALIZADO

En el 2011 apareció en la convocatoria de becas del Fonca para Jóvenes Creadores. Este 2014 ya está consolidado en la convocatoria del Sistema Nacional de Creadores de Arte; hablo del “ensayo creativo”.

Tanto en “letras indígenas” como en “letras” (no indígenas) la categoría de “ensayo” ha sido reemplazada por la de “ensayo creativo”.

Se trata del triunfo de la categoría norteamericana de “creative writing” sobre la de “literatura”. Como ya se ha probado en Estados Unidos mismo, la “escritura creativa” sirvió para estandarizar y despolitizar al campo literario.

Sustituir “ensayo” por “ensayo creativo” desacelera que la reflexión literaria mexicana tome un rumbo que Conaculta desaconseja: que crezca el interés analítico, el purismo de la prosa disminuya y se sepulte el conveniente ensayo sobre nada (el típico ensayo mexicano sobre el arte de volar papalotes sin usar hilo o la biografía de la gemela desaparecida de la comilla que bajó el elevador y se volvió coma).

El ensayo lúdico (ensayo–poema) es vital para la imaginación ensayística. Pero una literatura que solo escribiese ese tipo de ensayos resultaría insulsamente derechista y exquisitamente anacrónica.

Conaculta pretende que una sub–rama del ensayo (el “ensayo creativo”) reemplace a todas las ramas del ensayo o, en el mejor de los casos, las obligue a entrar de contrabando en ese anglicismo.

El anglicismo, a la vez, privilegia un tipo de ensayo mexicano (de distracción culta) que creció (junto al PRI) para impedir el crecimiento del ensayo de crítica literaria, histórica o teórica (especialmente después del 68).

“Ensayo creativo” es una categoría blanda (el ensayo por el ensayo mismo); el ensayo “perfecto” para una dictadura perfecta, que necesita escritores que escriban muy bonito y sean poco críticos. El ensayo como gracioso pasatiempo letrado.

El cambio es arbitrario e incluso contrario al propio canon, ya que si pensamos, por ejemplo, en los dos principales ensayos de Paz (El laberinto de la soledad y Sor Juana o las trampas de la fe) son ensayos de crítica literaria, teoría, psicoanálisis e investigación. Son todo lo contrario de un “ensayo creativo”.

Seamos exactos: el “ensayo creativo” viene del sub–canon; el canon wanna be.

El “ensayo creativo” en México se consagra con escritores que creen continuar a Torri, Reyes, Arreola o Monterroso y que, en verdad, son Chespiritismo del ensayo.

Por supuesto, Conaculta no justificó su capricho y no sería imposible que el “ensayo creativo” haya aparecido por el descuido de algún comité de escritores que decidieron que el ensayo sobre cómo vestir pulgas debe ser el nuevo centauro de los géneros.

Como sea, el “ensayo creativo” ya está oficializado; es ya el nombre y criterio oficial del ensayo. Su caña de pescar, su embudo.

29/8/14

LA CRACKIFICACION

* Publicado en suplemento cultural Laberinto de diario Milenio, México, 30 de agosto de 2014.

LA CRACKIFICACION

Entre los narradores mexicanos nacidos a partir de los años setenta se busca lo post-norteño. La literatura del norte es aquello con lo que se desea “romper”, ya que cambió temáticas, estilísticas, formas y sujetos que terminaron siendo indeseables por poner en riesgo la identidad del escritor mexicano tradicional.

Los nuevos narradores mexicanos desean romper con la literatura del norte. ¿Y qué se desea continuar? El Crack.

El Crack no tuvo obras maestras —libros que exploran un aspecto desconocido de la forma o el hombre— pero sí éxitos: En busca de Klingsor de Volpi y una larga lista de obras menores (en el buen sentido de la expresión y, a veces, en el intento fallido de alcanzar más lectores).

Pero su mayor legado no son sus libros sino su forma de concebir la literatura: lo post-boómico profesional sin tensión con el mercado o la forma canónica mexicana (la literatura revolucionaria… institucional).

El Crack más bien se caracterizó por facturar obras literarias que dicen romper con lo nacional pero curiosamente terminan representándolo. De nuevo, Volpi es la mejor encarnación de esta paradoja.

Si revisamos su trayectoria, el Crack ha mantenido una política literaria conservadora, sin entrar en conflicto con el campo literario o el gobierno en turno.

Se anunciaron como una ruptura pero en lo literario más bien fueron un aeropuerto internacional entre una literatura mexicana y otra literatura mexicana.

En el paso de un siglo a otro, Carlos Fuentes se convirtió en el escritor que cumplió los manifiestos del Crack; y el Crack manifestó querer convertirse en Carlos Fuentes.

¿Entonces fue ruptura con qué? Quizá con la Onda o Fadanelli —que fueron mayor ruptura— pero no con el canon.

Fuentes y el Crack deben verse como dos variantes de un mismo tipo de literato mexicano tradicional, que no es ni virtud ni defecto sino, simplemente, lo “respetable” y, en este estado de cosas, lo “prudente”.

Si miramos sus resultados, el Crack fue exitoso. Son referencia internacional; tienen un buen número de títulos entre sus miembros y dejaron una forma de pensar la prosa y un estatus intelectual y presencia que los escritores mexicanos posteriores desean.

Externamente, la clave del Crack fue ser una novedad sin ser una ruptura con los valores del mercado (real y posible); internamente, su clave fue proveer de estabilidad al sistema.

Entre los narradores nacidos en los años setenta u ochenta, entonces, nadie habla hoy de querer ser post-Crack; al contrario, su secreto es querer repetir el perfil del Crack, con una innovación: tener a Krauze más de su lado.

Algunos nombres se han propuesto para escritores setenteros y ochenteros (a quienes, por cierto, ya les llegó su hora o, mejor dicho, parece que ya se les pasó).

Pero propondré otro: los Crackificados.


22/8/14

HERBERT Y LA DIVISIÓN ¡ENTRE! LOS NORTES

* Publicado en suplemento cultural Laberinto de diario Milenio, México, 23 de agosto de 2014.

HERBERT Y LA DIVISIÓN ¡ENTRE! LOS NORTES

Hace poco Julián Herbert charló en la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey acerca de “La literatura y el norte de México”. 

Aseguró que la “Nación” no debe preocuparse: no existió literatura del norte.

Acapulqueño residente en Coahuila, hoy Herbert niega que exista una literatura del norte de México y, para paz mental de algunos, dice que lo norteño fue un branding.

Aclara —el video está en YouTube— que fue un norteño por branding y hoy es un branding post-norteño.

Lo que dice Herbert es falso pero creíble. ¿Cuántos pueden conocer realmente la historia literaria de los nortes?

Herbert ignora o —peor— finge ignorar que la literatura del norte tiene décadas de historia, y está dispersa, fragmentada, malentendida y es abundante y multiforme.

Solo ignorándola o desdeñándola se puede creer lo que Herbert generaliza, oculta o tergiversa.

Las mejores obras de poesía, narración, ensayo, teatro escritas en el norte casi no circularon fuera.

Herbert omite mucho. Por ejemplo, a Rafa Saavedra, a quien ha imitado tanto. ¿Por qué? Saavedra no fue comercial. Así hace con docenas de distintos nortes.

Si no lo menciono, por ende, ¡no existe! Regla de oro de la crítica centrípeta.

E insiste que literatura es branding.

¿“Vender un producto” es el criterio de escritores?

Depende de qué tipo. De quienes persiguen modas y ventas, probablemente, sí.

En los escritores verdaderos, no.

Herbert remata diciendo que (según Gatopardo) es parte del Golden Age coahuilense.
Imprecisión, triunfalismo y poco espíritu crítico.

Para entender lo que Herbert dice (y lo que no dice) hay que tomar en cuenta una ruptura de tuerca: hemos pasado de la División del Norte a la división entre los nortes.

Herbert dice que hay diferencias entre escritores del noroeste y los del noreste y asegura que él como noresteño se siente más cerca de la Ciudad de México que de Tijuana.

Lo post-norteño es, sobre todo, lo que se deslinda de separatismos, regionalismos o bárbaros. Norteños que se ven a sí mismos con ojos centralistas.

Carlos Velázquez fabricó el discurso sobre lo post-norteño; la política editorial necesitaba escucharlo y Herbert le saca mayor provecho.

Para que ese discurso pegue requiere lectores desinformados o ninguneadores de la historia real de escribir en el norte.

Es grave que Herbert hable con tal ligereza de la literatura hecha por tantos otros, que hable con wiki-mercadotecnia de la resistencia de muchos espacios y tiempos, que parece no conocer o le sirve falsificar.

Herbert necesita que pasemos por alto lo que dice. Necesita que no se reconozca que las literaturas del norte no fueron un branding para sí mismas, sino que para él lo fueron y hoy las desestima porque —avisa— hay un nuevo nicho de mercado.


15/8/14

EL SUEÑO LATINOAMERICANO

* Publicado en suplemento cultural Laberinto de diario Milenio, México, 16 de agosto de 2014.

 EL SUEÑO LATINOAMERICANO

Uno de los secretos mejor guardados de la literatura mexicana es que realmente no se identificó con la literatura latinoamericana.

De no ser por el idioma, el escritor mexicano estaría tan aislado del resto del continente como el 99% de los autores norteamericanos.

AFP
El autor mexicano que más se identificó con la literatura latinoamericana —por más de una razón— fue Carlos Fuentes.

Si bien Paz tuvo perspectiva internacional (ausente en sus epígonos), debido a la disidencia geopolítica del latinoamericanismo no se identificó plenamente con ese proyecto. Paz era de derecha que no soportaba saberlo (ser paceano, ni siquiera sospecharlo).

Washington no aprobó la identidad post-nacional latinoamericanista asociada a un sentimiento de alianza intelectual con movimientos de liberación, socialismo, antimperialismo, indigenismo y rebelión popular.

USA (veladamente) y PRI (presupuestalmente) promovieron que el intelectual mexicano no se identificara con el latinoamericanismo.

Nacionalito se veía más bonito.

Así se evitó que fuera latinoamericanista y (ya caduco) fuese hecho (¡pidiera ser!) globalizado.

Diferencia: el mercado se sintió atraído por el Boom; el post-Boom se sintió atraído por el mercado. Similitud: el mercado.

Vargas Llosa es el puente entre ambos periodos (y editoriales y premios cada vez más irreales).

El post-Boom —estéril en grandes obras— ya no fue una combinación de identidad nacional-literaria y latinoamericana sino de identidad nacional-literaria y mercado.

El post-Boom ya no quiso ser parte del sueño bolivariano o la utopía socialista sino de la ilusión del mercado. El bajo nivel de esa aspiración colaboró con la inferioridad de su lenguaje.

Los intelectuales no son importantes en el proceso geopolítico real. Además, la derecha geopolítica tuvo mediana suerte: no generó un grupo de figuras intelectuales de talla suficiente. Los post-latinoamericanistas sirvieron de pausa, no de trofeo.

De todos modos, gobiernos norteamericano y mexicano consiguieron imponer su política intelectual. Este proceso lleva décadas.

A nivel individual, ganó el miedo y la cobardía (disfrazadas de cosmopolitismo y búsqueda de éxito).

A principios del siglo XXI en México, la intelectualidad se concibe en relación con la competencia interna, los medios (sobre todo Internet), el subsidio, condecorarse mediante la editorial anhelada o la (automatizada) identidad nacional-mexicana.

Buena parte de la grandeza que alcanzó la literatura en Latinoamérica se debió a que quiso ser literatura latinoamericana; la grandeza de ese sueño fue la fuerza que impulsó a la poesía, ensayo y narrativa de más de un siglo.

Pero el sueño latinoamericano era frágil y peligroso.

Estados Unidos decidió que cuando la literatura latinoamericana despertara de la ceremonia de premiación, el sueño ya no estuviera ahí.




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