27/2/15

FORMA Y FIN DEL LIBRO EXPERIMENTAL

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el sábado 28 de febrero del 2015.

FORMA Y FIN DEL LIBRO EXPERIMENTAL

A relámpagos —como sólo puedo aquí— he dedicado columnas recientes al mayor desafío actual de la literatura: la crisis del libro y sus vías de ingeniosa sobrevivencia.

Ahora abordaré el libro experimental, aquel de texto inestable (por no ser un género tradicional) y que busca que el objeto mismo del libro comparta algo de ese desacato, ya sea por su diseño, distribución u otro elemento.

La destrucción del libro es parte del proceso (relativamente ciego) de la economía capitalista, cuya metálica mano invisible creó al libro moderno y ahora paulatinamente lo despide y empuja a las primeras etapas de su sobrevivencia.

Sobrevivir, he dicho: solamente los escritores hipnotizados por la industria, Internet, la academia, el ego o algún gobierno puede concebirse de otra forma que no sea la de un sobreviviente.

Además, si un escritor no equipara su ser a la sobrevivencia será imposible que se una a la venidera sublevación mundial, que ocurrirá en algún momento de este siglo o el siguiente. Quizá desde las sub-ciudades.

Pero el libro experimental —por su estructura norteamericana— se resiste a cobrar conciencia (material) de esta crisis; busca navegarla desde lo cool, lo fancy, lo nice, lo trendy. 

El re-formismo experimental reprime la crisis. Lo experimental vuelve al libro un dron de origami que se espera atraviese un abismo. 

Lo experimental es casi siempre adelgazamiento del contenido, minimalismo del cuerpo, tecnificación del texto, para evitar que el monstruo resurja desde el cuerpo.

El libro experimental busca deshacerse del demonio del escritor; al ser operativo de extirpación (post-romántica), el texto pierde densidad. El sujeto residual resultante es un sujeto volátil, “libre” de demonios. Neoliberal.

Lo experimental es el estado estético de la resiliencia: la capacidad de eficiente adaptación al trauma (aquí inducido por el capital). Por ser forma de resilience, las comunidades norteamericanas blancas son quienes están llamadas a encabezar. 

Y vuelve éxito al shock vía nuevo casco, reorganización o táctica.

Lo experimental busca sofocar excesos afectivos anti-capitalistas. Por eso el conceptualismo domina al experimentalismo hoy. Fue su mejor resolución resiliente.

Así como el escritor moderno no supo trabajar con la materialidad del libro (que redujo a mero contenedor genérico), el libro experimental tampoco supo trabajar con la psique del escritor moderno. 

Libro y psique han turnado existir como si el otro no fuese un problema o como si ese problema pudiera disolverse técnicamente.

El libro experimental adelgaza los demonios psicohistóricos del libro, asumiendo que son falsos ídolos (no-modernos). Volviéndolos etéreos.

El libro experimental tomó forma para controlar la explosión psico-somática del libro y el escritor.

Imposibilitado a explotar, el libro experimental está destinado a la implosión. 

21/2/15

CRITICA AL LIBRO DE ARTISTA

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el sábado 21 de febrero del 2015.

Crítica al libro de artista 


El libro de artista es la estrategia consistente en atravesar la crisis del libro a bordo de un objeto, manufactura y diseño bellos: un libro con aura (por no ser industrial… y poner entre paréntesis ¿su? crisis).

Muchos libros de artista, en realidad, son libros de artesano. Su forma deriva de las manualidades, la artesanía, el craftmanship. 

A veces se supone que tiraje, materiales y trabajo artesanales bastan para hacer un “libro de artista”. Como pensar que cualquier paisaje al oleo, por ser bonito, logra ser arte. O creer que sonetizar y poetizar equivalen.

Definir al arte es arduo. Pero sabemos que rebasa lo bonito.

No distinguir entre el libro de artista y el libro artesanal provoca que el mundo del libro de artista tenga mucho de Classy Charlatán.

El mayor logro histórico del libro de artista es haber mostrado que los libros comunes son insuficientes, incluidos los libros de artista.

El libro de artista es un retro-centauro a medio camino entre las artes gráficas tradicionales y el arte contemporáneo. Esto no es necesariamente negativo, obvio, irrelevante o elogioso a sus jinetes, esto es, sus quijotes.

El libro de artista hoy vive un revival; es quizá el primer tipo de libro cuyo aura se fue y regresó. Después de una fase decadente a finales de siglo, revivió... ¿Renovándose?

Muchos libros de artista —como mucho arte contemporáneo— depende, sobre todo, del ingenio. Una bonita encuadernación, impresión delicada, ilustraciones atractivas, cuidado de diseño y ejecución, evidencia sensual de trabajo experto o curioso. El toque final: el ingenio.

Muchos libros de artista delatan y, a la vez, ocultan tratarse de obras más lujosas y ornamentales que artísticas. Con frecuencia, su presunción artesanal cubre un vacío.

Sólo visto como hoax podemos entender al libro de artista dentro del arte contemporáneo: el arte en problemas, cuyo hacedor está intoxicado de capitalismo. 

El libro de artista es otra de las estrategias posmodernas a la que han llegado comunidades del libro para sobrevivir. 

Lo que distingue al libro de artista es ser una estrategia de comunidades manufactureras del libro que se cruza con las estrategias de sobrevivencia de las artes gráficas, plásticas y visuales. En el libro de artista convergen la crisis del libro y la crisis del arte.

Pero también lo habitan otras crisis (desde las manualidades hasta las bellas artes). 

El libro de artista se caracteriza por esconder la crisis al emplear sólo fragmentos de otras artes, evitando ser relacionado directamente con la crisis integral de tales disciplinas.

Por otro lado, ser un disimulado bricollage le permite embellecer al libro de papel como artefacto y materialidad (agónicas). 

Todo libro de artista vuelve a sus técnicas, maquillaje mortuorio. Toda estética del libro es ya tanotoestética.

Léase este fin con ironía y sin ella: el libro de artista es el Día de Muertos del libro moderno.



14/2/15

EL LIBRO USADO Y EL NUEVO CAPITAL

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el sábado 14 de febrero del 2015.

El libro usado y el nuevo capital

El libro digital ya casi es el libro estándar. Hablo del libro electrónico en general, legible en pantalla, escaneado o e-book

Pero hay frentes de resistencia del libro de papel: el libro de artista y artesanal; el libro de edición indie (o que finge serlo) y el libro usado (el libro tradicional que viene de otra época, revaluado).

En cuanto al libro usado, su valor procede de ser escaso, ser libro raro (de encontrar). Este libro de anticuario alcanza su mayor precio si es una fuente histórica o de un autor con status canónico o de culto.

Si tiene autógrafo y dedicatoria significativa: ¡bibliomanía pura! 

Hace poco cruzaba los pasillos de la feria del libro de anticuario de California, en Oakland. Como es habitual en estas ferias, los pasillos estaban repletos de coleccionistas, desde amateurs hasta expertos.

Todos buscábamos una oportunidad, un lujo, un tesoro, un hallazgo, una inversión, una bibliomanía variable y, en el fondo, injustificable.

A estas ferias asiste un público distinto al de las ferias del libro comunes o temáticas. 

Sociológicamente, llama la atención la presencia de personas mayores y la elegancia de otro sector. Antigüedad y presunción del libro y sus pretendientes. 

El libro usado coleccionable está asociado al gabinete de maravillas, al exotismo y la distinción. Sueños coloniales flotan sobre el libro raro.

Obviamente, también tiene gran valor (simbólico y monetario) al contrastar con el libro común (desechable por serial y contenido mediocre) y por conceder la sensación de que la crisis actual del libro puede ser atravesada volteando al pasado.

Como diciendo que la tecnología digital puede arrasarlo todo, menos la alcurnia de ciertos libros del pasado.

Hoy se habla mucho de la materialidad del libro. Hay algo de verdad en ello. 

Pero lo que realmente se despliega ahora es una diversidad de estrategias de sobrevivencia. 

Cada estrategia anima un tipo de libro; ya sea el libro antiguo, el libro experimental, el libro indie, el libro de artista o artesanal.

No son, primordialmente, distintos libros. Son distintas estrategias. Distintos sujetos modernos buscando sobrevivir mediante ese tipo de libro.

El libro usado raro es un alegato de que el libro de papel podría llegar a su fin pero ciertos libros del pasado seguirán siendo comercializados como ejemplares raros de una especie ya casi extinta.

Anunciando, además, que la literatura está a punto de convertirse en una lengua muerta o, mejor dicho, una escritura muerta.

Hemos llegado al momento en que cada tipo de libro que existe es un tipo de estrategia de sobrevivencia de una comunidad. 

Cada tipo de libro es un arca de Noé y una reanimación, menos del libro que de una forma de ser humano. 

Dime qué libro defiendes o coleccionas y te diré qué tipo de comunidad peligra y estás a punto de abandonar… a la fuerza… del nuevo capital.

7/2/15

ESCRIBIR EN EL SIGLO XXI

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el 7 de febrero del 2015.

* Translated into English by Guillermo Parra: http://venepoetics.blogspot.com/2015/02/escribir-en-el-siglo-xxi-heriberto-yepez.html


ESCRIBIR EN EL SIGLO XXI


El escritor del siglo XXI enfrenta el peligro de ver su crítica estética desvanecerse por las leyes comunes del gobierno, mercado, lectores, academia e Internet. 

El orden de estos poderes varía según el país. Pero todos ellos controlan al escritor literario en este nuevo siglo.

La escritura literaria se distingue de otras por encargarse del arte de la forma heterodoxa, el placer estético verbal, el difícil vínculo entre tradición e innovación de la palabra lúdica. 

El escritor que está en la cima del arte pertenece al presente, es contemporáneo de su época y, a la vez, pertenece a otros tiempos.

Cuando un escritor solo pertenece al pasado no aporta nada a la literatura; cuando solo pertenece al presente, casi no pertenece a la literatura.

El escritor debe ser infiel al ayer e infiel al hoy. Pero, ante todo, debe ser un amante del arte, que es el proyecto sensual de habitar una más intensa temporalidad.

Ante los muertos, el artista parecería un frívolo; ante sus coetáneos, un solemne. El artista, en todo caso, es un traidor de la tradición y un traidor del ahora.

Un escritor que está de acuerdo con su sociedad está fallando. 

El escritor es un innovador crítico. Artísticamente propone formas más complejas y menos represivas —impertinencia por partida doble— que las del presente social. Un escritor siempre termina mostrando que el consenso está equivocado.

Para el arte, incluso la verdad es insuficiente.

El escritor solía distanciarse mediante el libro o, al menos, el texto; pero hoy, el libro y el texto artístico son sentidos como anacrónicos o no son identificados como distintos a cualquier otro medio o cualquier otro texto. 

Al (e)lector no le importa la particularidad estética. Para él, todo es texto, todo es opinión, todo es medios. 

En la pantalla, todo es juzgado por unos mismos criterios. Noticias, posts o pdfs son consumidos por un mismo juego de reglas. 

La literatura es solo ya una rama de la Publicación.

Esa uniformidad del juicio ha empobrecido los sentidos.

Pero el mayor desafío del escritor ocurre ante sí. Por un lado, hablar de un desafío ante uno mismo implica una paradoja en la Época Telefísica del selfie para que otros te vean (como tú te ves… para ellos). Por otro lado, el reto es superar el consenso sin caer en el ego–morfismo (creer que todo tiene la forma del Yo) y creer que toda forma es firma.

Ser solidario del 99 por ciento desde el radical disenso de un 1 por ciento.

Y el escritor debe saber que todo lo que haga será 100 por ciento procesado por reacciones espectaculares. Escribir en el siglo XXI es escribir dentro del espectáculo.

Todo lo que un escritor hace hoy es “leído” por criterios del mundo del espectáculo, ejercidos desde el mercado laboral, redes sociales, editoriales o instituciones. 

El siglo XXI es el primer siglo en que la literatura es una zona dentro del espectáculo.

A partir de ahora, salir del espectáculo es el gran reto del escritor.

31/1/15

ULTIMO MOMENTO DE BENJAMIN Y FOUCAULT

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el 30 de enero del 2015.


Último momento de Benjamin y Foucault

Hemos vivido una época teórica que se define por su fascinación por Walter Benjamin y Michel Foucault, los dos pensadores más influyentes (y citados) de este periodo. ¿Qué significa su prestigio?

Su semejanza no es obvia. Benjamin murió sin mucho reconocimiento público (murió arrastrando sus escritos en una frontera de la segunda guerra mundial) mientras que Foucault gozó de un estrellato sólo superado por Derrida (y hoy Zizek).

Benjamin escribió una disertación más bien fallida (que hoy es un clásico); Foucault, en cambio, fue una estrella académica.

Benjamin escribió ensayos sueltos, esotéricos, caóticos, fulminantes, personales o periodísticos; Foucault, más bien preparó volúmenes densos, impersonales, arqueológicos, historiográficos.

Las semejanzas, empero, son finalmente evidentes: ambos buscaron explicar la particularidad de nuestra época. Fueron filósofos que no quieren ya serlo. Son teoría.

En Benjamin, Dios está a la sombra, flotando a modo de espectral mesías golpeado por la Historia; en Foucault, Dios está ausente, aunque la figura del loco lo clama, muy disimuladamente.

Su popularidad se debe a que buscan explicar una época que posee ciencias duras pero no suficientes saberes acerca del hombre, ese naufragio.

Ambos pensadores, por otra parte, alimentan muy bien las necesidades del nuevo experto post-filosófico dominante: el académico, que puede usarlos debido a su amplitud de temáticas y la ausencia de soluciones fijas. 

Son pensadores sin certezas pétreas. Son hombres de las tentativas. Son palabras que pueden dialogar con Estados Unidos.

Y los dos (secretamente) satisfacen la nostalgia del arte prosístico. 

No hay mayor artista del ensayo que Benjamin. Sólo Borges lo supera. Pero Borges buscó el estilo, mientras que Benjamin aún buscó la verdad. 

Y Foucault deseó establecer el orden de lo sucedido, la explicación macrotemporal, el largo proceso de cada evento, mediante una serie de figuras que destilan gusto estético sin tener que declararlo.

La popularidad de ambos tiene mucho qué ver con su carácter de artistas.

Su contemporaneidad es indiscutible dedicaron su obra a lo actualy, a la vez, ambos son figuras retro, que recuerdan la elegancia del varón dedicado a la reflexión suficientemente distante de lo efímero del siglo XX. 

Son una crisis convencida de resolverse en un archivo.

Son personajes que atraviesan la cuerda floja meditando.

La popularidad de Benjamin y Foucault no sólo se debe a su apabullante inteligencia sino a que son seres del umbral: ultramodernos y, a la vez, protagonistas de una próxima despedida, aquella del hombre buscando bellamente la verdad.

Cuando Benjamin y Foucault sean sustituidos sabremos que un ideal se ha ido. 

Sabremos (quizá) que se ha ido el escultórico anhelo de la belleza abrazada a la verdad.

La prosa (aún) desea permanecer. Los medios le otorgarán desaparecer.



25/1/15

AGRADECIMIENTOS

Este fin de semana este blog llegó a las 200 000 visitas.

El blog fue abierto el 4 de mayo del 2012 y está dedicado a re-publicar mis columnas semanales en el suplemento Laberinto.

¡Muchas gracias por estas visitas!

Lo mejor para su 2015.

24/1/15

INTERNET IS NEXT!

"Archivo Hache" es mi columna semanal en el suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio. La siguiente columna se publicó el 24 de enero del 2015

INTERNET IS NEXT!

Los escritores literarios desaparecerán. Aquellos que escriben en pos de obras maestras, literatura, arte verbal y el libro. No lo lamentarán demasiado: el escritor moderno —desde Baudelaire— disfruta desaparecer. 

Odia y ama la Modernidad y, como Gorostiza, goza desbarrancarse con ella.

Existen ya varias señales de la interrupción de la posibilidad literaria.

La condición necesaria para la existencia de literatura —lo subrayaron Cervantes, Flaubert y Borges— es el lector literario. Ya en extinción.

El lector literario reconocía géneros, sus artificios. En el lector electrónico, en cambio, no funcionan las reglas de los distintos géneros; los lectores virtuales colapsan todos los géneros.

Emergió una forma de escritura sustentada por la reality: el consenso sensorial de que lo aparecido en la pantalla es una descripción suficiente de lo Real.

Supongamos que un escritor (todavía) literario publica una novela en primera persona con una historia ubicada en el presente; el lector literario tiende a separar al yo-escritural del autor; el lector electrónico, a identificarlos. Internet es “Confesión”.

Fueron las redes sociales. Imaginemos que un diario personal en 1983 y su lector. Para reconocer esos textos como biográficos había necesidad de traducir lo escrito mediante la “imaginación” y “memoria”. Traducir de lo verbal en papel a lo visual mental.

Esta operación es innecesaria en redes sociales. 

E imaginemos un silencioso álbum fotográfico y una persona que lo abre y recorre. ¿Qué facultad mental, qué tecnología interna, debía usar para entender esa narrativa? Una tecnología casi obsoleta para los usuarios de redes sociales, en donde diario y álbum ya se fusionaron en una plataforma que inutiliza todo lo que no sea retrato. 

En redes los multi-micro-textos e imágenes detallan la vida “personal”: sentimientos momentáneos, comidas photoshopeadas, selfie-fiestas, etc. En Internet no son demasiado relevantes la memoria o la imaginación modernas. Es necesaria la reality. 

El gran triunfo de Facebook es lograr que todo —desde un libro hasta la geopolítica— sea leído como post: opinión personal (opcional). Fuera de Facebook todo es link.

Al lector en línea (promedio) le falta distancia del texto y la imagen. Ese es su gran defecto: su credulidad mediática (todo lo cree inmediato) y, sobre todo, su credulidad del “yo”. 

Todo lo que se sube es “yo” y todo lo que se lee es leído como un “yo”. El ego-centrismo es el principio masivo de la lógica narrativa de Internet.

Ese principio masivo ha aniquilado —al menos para esta época— la posibilidad de la lectura literaria. 

No lloremos esa muerte. Tiene zombies. Tiene retros.

Mucho menos, demos like al lector electrónico. Durará mucho menos.

Si vamos a ir hasta el final, vayamos, destruyamos ahora Internet.